A 30 AÑOS DE LA PRIMERA PUBLICACIÓN DE LA HISTORIETA DE ART SPIEGELMAN
Maus, un cómic polémico e innovador
La obra literaria del escritor sueco, ganadora del Premio Pulitzer a la Mejor Ficción en 1992, generó elogios y críticas por la narración de las vivencias de sus padres en un campo de concentración durante el Holocausto.
Maus es una historieta del sueco Art Spiegelman, que fue publicada desde 1980 hasta 1991 en Raw, una revista de vanguardia que él mismo editaba. Este cómic es el relato de la vida de sus padres, Vladek y Anja Spiegelman, en la época del genocidio judío, en el que se produce un entrecruzamiento entre la narración de su padre acerca de los hechos acontecidos entre 1933 y 1944 en Polonia, y las charlas que mantuvieron padre e hijo a fines de los ´70 para el desarrollo del libro. En 1986 apareció el primer tomo de Maus. Relato de un superviviente, novela de casi 300 páginas, titulado “Mi padre sangra historia”. Su publicación se debió a que Spiegelman no estaba en condiciones de competir con el poder hollywoodense tras escuchar el anuncio de que Steven Spielberg estaba produciendo An American Tale, una película de dibujos animados basada en la persecución de una familia de ratones judíos por parte de “Katsacks” en Rusia. Esta primera parte comienza con un joven Vladek que conoce y se casa con Anja y tras ser reclutados por el Ejército, los Spielgerman son separados en ghettos. Así, la familia empieza a reducirse para, finalmente, ser trasladados a Auschwitz. El segundo tomo, “Y aquí comienzan mis problemas”, fue publicado en 1991 y cuenta la estadía de sus padres en el campo de concentración.
Spiegelman, nacido en 1948 en Estocolmo, pero criado en Estados Unidos, decidió hacer una metáfora animal, donde los judíos son presentados como ratones, los alem

anes como gatos y los polacos como cerdos, con el fin de transcribir los recuerdos y la manera de pensar de su padre porque, según declaró el 8 de agosto de 2009 en una entrevista en el diario Crítica de la Argentina, “su modo de razonamiento siempre era a través de comparaciones”. Este no es sólo un recurso estético sino también de contenido porque el autor quiso denunciar el comportamiento de los hombres de cada nacionalidad y la discriminación racial durante el Holocausto. “Las ratitas éramos los perseguidos y los polacos eran los cerdos porque la mayoría eran incultos y odiaban a los judíos. Con esto Spiegelman demuestra el horror y quiénes fueron los nazis”, comentó Lea Zajac Novera, sobreviviente de la Shoah y autora del libro Historias de mi mochila.
Otro recurso gráfico utilizado en Maus es la simplicidad. El dibujo es en blanco y negro, y su tamaño es muy pequeño ya que, según explicó el historietista sueco el 17 de noviembre de 1994 en un entrevista con el diario Clarín, “no quería que tuviera ninguna decoración superflua, quería suprimir todo lo innecesario a fin de que el dibujo se redujera a lo esencial”. Acerca de esto, el humorista gráfico Carlos Loiseau (Caloi) expresó: “Una historieta que no tiene una buena resolución gráfica no puede expresar contenido, la importancia de ambos es de un cincuenta y cincuenta por ciento. Una buena idea mal expresada deja de ser una buena idea y un buen dibujo sin idea tampoco tiene sentido”. A su vez, para remarcar su carácter autobiográfico, la tipografía empleada es la propia letra del autor, realizada en caligrafía típica de un diario personal.
Art Spiegelman, que estudió arte y filosofía en la Universidad de Nueva York y comenzó a publicar historietas en 1965 bajo el seudónimo de Skeer Grant, participó activamente en el movimiento underground estadounidense. Fue parte de una vanguardia autoconsciente que se comprometió con la destrucción de tabúes formales y estilísticos, culturales y políticos, y a partir de eso permitió que se ampliara el espacio de lo posible. Spiegelman, cuyo espíritu crítico fue adquirido de la revista MAD, impuso una forma innovadora porque, hasta ese momento, la historieta estaba identificada con el entretenimiento infantil.
Maus fue elogiado y recibió ocho premios, entre ellos, el Pulitzer a la Mejor Obra Literaria de Ficción en 1992, y se convirtió en el único libro de cómics en obtener ese reconocimiento. No obstante, aparecieron resistencias por el uso de la metáfora animal y del humor negro para explicar uno de los acontecimientos más atroces de la historia. “Muchos sobrevivientes rechazaron Maus porque no todos tienen el mismo sentido del humor, nivel cultural, inquietud y punto de vista sobre un montón de cosas. Es ingenuo pensar que es sólo una historieta de humor negro”, declaró Zajac Novera, que ingresó a Auschwitz en enero de 1943, cuando apenas tenía 16 años. Y añadió: “Si bien el Holocausto y los treinta mil desaparecidos son dos cosas sagradas con las que no se hace humor, esta historieta tiene una finalidad positiva ya que gracias a ella llega a los jóvenes que jamás agarrarán un libro sobre la Shoah y sirve para que no se vuelva a repetir en el futuro”. Acerca del humor negro, Caloi sostuvo: “Aprender a reírse de uno mismo y a reconocerse en eso es el primer paso para hacer humor. Pero no sólo de uno sino de nosotros mismos para reconocernos como sociedad”. La autora de Historias de mi mochila concordó con esta apreciación: “Hay que tener cierta altura para reírse de uno mismo. No me duelen los chistes sobre los judíos siempre y cuando que quien se burle sea judío, como Spiegelman”.
El autor nunca intentó sacar un beneficio económico del Holocausto debido a que siempre se negó a producir derivados de su libro en películas, obras teatrales o merchandising. “No había elegido el tema de la Shoah porque iba a consagrarle el primer plano del cómic como médium artístico, sino por el hecho de ser hijo de una situación excepcional. Comprendí que era factible sentir cierto grado de resentimiento respecto al éxito de Maus, aún cuando sentía una enorme gratitud en relación a esta obra”, manifestó Spiegelman en la entrevista publicada en Crítica de la Argentina.
El humor y la política
Según declaró Art Spiegelman en una entrevista que mantuvo con Clarín hace 15 años, él nunca pensó en hacer una declaración pública acerca del Holocausto a través de Maus sino que la historieta surgió como una respuesta a su biografía. A pesar de ser autobiográfica, esta historieta tiene un alto contenido político e ideológico.
El humorista gráfico Caloi manifestó que toda obra de arte conlleva una ideología al expresar las opiniones del autor, y coincidió con Spiegelman: “Si bien es cierto que muchos la han utilizado para eso, en la historieta el objetivo no es la denuncia política, sino que tiene una carga de ironía muy grande que puede ser interpretada como denuncia”.
El creador de Clemente planteó que su única vinculación con la política es recoger dentro de sus tiras el modo en que la política incide en la vida cotidiana, y negó que haya habido un uso político de su caricatura durante la última dictadura militar. “En el mundial del ’78, Clemente se convirtió en un símbolo popular porque la gente estaba totalmente reprimida y no había ningún tipo de libertad de expresión”. Luego aclaró: “Hay que hacer un poco de memoria porque si no se confunde todo. Menotti era el director técnico de la Selección argentina, no era un miembro de la Junta Militar”.
Por otro lado, Caloi sostuvo que existe un límite ético para hacer humor: el buen gusto y, a raíz de eso, no hizo humor relacionado con el último gobierno militar. “Nunca se me ocurriría hacer chistes con eso porque tengo amigos, familiares desaparecidos. Me parece un tema muy doloroso”.
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