ENTREVISTA A FABIÁN “PEPE” CASTRO
“El club de barrio es como la primaria, y el de AFA sería la secundaria y la universidad”
Por Martín Waisman
El histórico goleador de Atlanta y actual director de actividades de Estrella de Maldonado opina sobre el papel de las instituciones barriales en la formación del futbolista.
El club Estrella de Maldonado, ubicado en Juan B. Justo al 1400 en el barrio porteño de Palermo, es el sitio donde crecieron muchos chicos, algunos de los cuales triunfaron en la primera división del fútbol argentino. Reconocidos profesionales como Hernán y Cristian Pellerano, Marcelo Gallardo, Andrés D’Alessandro, Maximiliano López, Gabriel Pereyra, Nicolás Bianchi Arce y Diego Latorre han jugado al BABY fútbol en esta institución cuando eran niños. Esta entidad fue fundada el 1 de julio de 1934 por un grupo de jóvenes que consiguieron un lote para juntarse.
Fabián “Pepe” Castro empezó su deseo de ser futbolista en Estrella de Maldonado, donde hoy se desempeña como director de actividades. Más tarde se convirtió en un símbolo de Atlanta al ser el único futbolista de su historia en conseguir dos ascensos a la Primera B Nacional (en las temporadas 1989/90 y 1994/95). El delantero jugó siete temporadas en el Bohemio, donde disputó 218 partidos y convirtió 30 goles.
- Habiendo salido de allí futbolistas consagrados, ¿cuál es la clave para sacar buenos jugadores?
- La clave está basada en la suerte de que los chicos lleguen a este lugar. Después, a partir de un trabajo serio y gente responsable, con historias deportivas propias, se va corriendo el rumor de que trabajamos bien. Así, los buenos jugadores terminan apareciendo. Estrella de Maldonado tiene los principios básicos de un club de barrio: brinda contención familiar, la posibilidad de desarrollo de los chicos y de hacer buenas personas por sobre todas las cosas.

-¿Hay una alta deserción en los clubes producto del trato que tienen con los jugadores?
-No, creo que la presión de los chicos tiene que ver con una forma de vivir actualmente. Además, esto va aparejado con la presión en el colegio, en la casa, la de los padres para ganar un peso más. Al ser un juego con resultados posibles, en el fútbol siempre existe, en mayor o menor medida, alguna presión y hay que ver si uno la puede llevar de la mejor manera. Está la posibilidad de ganar o perder, entonces el jugador o el entrenador está un poco pendiente del resultado.
-¿El fútbol debería ser un entretenimiento, en lugar de una competencia, para los chicos?
-Obviamente. Nosotros tenemos un gran espacio destinado a la diversión del chico en torno al fútbol. Participamos de ligas que son muy recreativas, formativas y también tenemos nuestra parte competitiva pero uno sabe que hasta una determinada edad un nene tiene que vivir el fútbol con alegría. No se lo puede tomar como un trabajo ni como una posibilidad de salvación a futuro. Es un juego y cuanto más alegre lo haga, más se va a desarrollar porque aquello que se hace por obligación inevitablemente no se termina haciendo bien. La posibilidad de divertirse hace que se vaya forjando un futuro deportista.
-¿En qué se diferencian un club de barrio y un club de AFA?
-El club de barrio es un espacio que contiene a la familia y brinda protección y comodidad. Permite que el chico no esté en la calle sino que interactúe con otros y venga a hacer un deporte. Los equipos de AFA básicamente son formadores de jugadores con un objetivo más ligado a la parte económica, ya sea de la persona como de la institución. El club de barrio ocupa un rol principal en los primeros años de formación del jugador y es como la primaria, y de AFA sería la secundaria y universidad.
-¿El club debería contener a los futuros futbolistas?
- La contención es básicamente familiar. Los clubes pueden, en primera medida, formar un futbolista y después, a una persona. La tarea básica de la casa es desarrollar al chico y luego elegir el mejor club para forjar un deportista. El club es un complemento, ocupa un lugar de tres o cuatro años en su vida como para ser tan determinante mientras que uno a su familia la tiene desde que nace hasta que muere. Pero hay veces que se cambian un poco los roles.
-¿La falta de contención es producto de la mercantilización del deporte?
- Las cifras que se manejan hoy por hoy en el fútbol nacional e internacional ayudan no sólo a mantener a una persona sino también a una familia y futuras generaciones. Desgraciadamente, está demostrado que un futbolista de elite gana más que un profesional con una formación universitaria media. Entonces, cuando se vislumbra alguna característica deportiva interesante en los chicos, la familia la aboca como una primera opción y deja de lado la educación porque interpreta que sólo con ganas y las condiciones, el jugador se puede desarrollar. Pero no se tiene en cuenta que únicamente el tres o cuatro por ciento de los que empiezan llegan a participar de la primera división. A veces quedás relegado en Cuarta o Quinta división, a una edad en que es muy difícil retomar los estudios o tener una salida laboral. Es primordial que la familia le dé a su hijo la posibilidad de desarrollarse en alguna otra alternativa que no sea solamente el fútbol.
-¿Los clubes de barrio tienen una forma de manejarse que debería ser imitada por los clubes de AFA?
- No, son cosas diferentes. En los clubes de barrio, mucha gente actúa por vocación sin una remuneración económica. Trabajo en la Quinta división de Tigre y los que estamos en un equipo de AFA tenemos un contrato donde hay que responder a los intereses del club y estamos obligados a formar un futbolista para que el club pueda solventar sus gastos.




