Primera Plana

miércoles, 29 de diciembre de 2010

ENTREVISTA A PEPITO CIBRIÁN

“No voy a adoptar porque me siento grande y no quiero no ver crecer a ese chico”

A casi cinco meses de su matrimonio, el director de teatro, actor y dramaturgo argentino, de 62 años, cuenta cómo vivió la promulgación de la ley de matrimonio igualitario. Y en vísperas de un nuevo reestreno de Drácula habla de su pasión por los musicales y su miedo a la soledad.

“Vení más cerca la puta madre”. Pepito Cibrián ordena el ensayo en un colegio de Monjas en el barrio de Palermo donde dicta las clases de su taller de comedia musical. Los alumnos van y vienen y todos lo saludan. Hay un gran afecto para con sus discípulos y se nota en cada momento. Caricias en las orejas, en las mejillas, en el pelo y conmovedores abrazos se presentan en la escena constantemente. Fiel a su estilo campechano, el director de teatro y los jóvenes mantienen una relación muy particular. “Más cachonda, más puta. Te lo tenés que coger. Animate”, alienta a una de las alumnas que acaba de cantar una de las canciones de Calígula. Durante una hora y media interpreta esta obra como si estuviese frente a un auditorio multitudinario: gritos, cambios de tonos de voz, risas jocosas, movimientos de manos. Al finalizar su perfomance, los jóvenes se funden en un emotivo aplauso. “Hace diez años que no lo leía”, se sincera.

No se detiene un segundo, va de aquí para allá. El alumnado se recambia pero él continúa con la misma energía contagiosa. Ahora es el turno de Drácula, obra que se reestrenará en enero del año próximo. Asigna posibles alumnos para interpretar a los diversos personajes. Escucha la opinión de sus discípulos y de sus ayudantes. Se consideran distintas variables: capacidad de canto, baile, actuación, contextura física. Observa detenidamente el ensayo para marcar errores y aconsejarlos. “La gente joven no sabe nada, son como cavernícolas. Desean ser artistas pero nadie les ha enseñado cuáles son sus raíces, de dónde viene la Argentina del teatro. Ni siquiera saben quién es Niní Marshall”.

Nacido en Cuba, durante una gira teatral de sus padres José Cibrián y Ana María Campoy, Pepito creció con los espectáculos de comedia musical. “Desde chico me impactaron mucho. Me fascinaba, me parecía majestuoso. Siempre me gustó la música y tenía un long play y me imaginaba dirigiendo una orquesta”. A los 62 años, se muestra orgulloso de haber logrado una identidad propia: “Hoy casi son los padres de, lo cual seguro les generaría mucha alegría”.

–Además de la influencia de tus padres, ¿en qué se basó tu elección de dedicarte al género musical?

-Nunca estudié música pero soy un hombre músico. Supongo que la elección tiene que ver con la teatralidad, la grandiosidad, las distintas disciplinas, el baile. El género musical es muy mágico porque trasmite a la gente a través de la música, de la luz, del sonido, del vestuario, sensaciones muy plenas que a la gente la motiva de una manera particular, ni mejor ni peor, pero particular.

Los clásicos son su perdición. Este año no fue la excepción: hace unos días finalizó la gira nacional de Las mil y una noches. “En Estados Unidos, que es un poco la cuna de este género, dicen que un musical que no está basado en algo, no es exitoso. Lo primero que hice fue Drácula y nunca había adaptado obras ni novelas, pero sí me había basado en personajes”.

-¿En qué se diferencian los musicales argentinos con los de Broadway?

-Nosotros somos más expresivos y ellos son mucho más fríos. Me acuerdo que el director de Cats me dijo: “¿De dónde sacás tanta sangre de la gente? Nosotros somos de plástico y yo soy de plástico”. Para ellos los musicales son un negocio. Los que forman parte del elenco, los bailarines, cantantes son gente grande porque hay un oficio, ensayan más rápido y cuesta menos de montaje pero no de sueldo. Nosotros lo hacemos desde un lugar muy pasional, muy virginal.

Caudillo de los “diferentes”

Activista durante el tratamiento de la ley de matrimonio igualitario, Cibrián recuerda aquello que lo impulsó a tomar la iniciativa política. “Pensaba en los ancianos homosexuales que perdieron toda una vida y no tienen derechos de nada, no pueden decidir si le sacan o no el tubo o qué medicación darle”. Tras la promulgación de la normativa, el 4 de agosto el director se casó con Santiago Zenobi, un arquitecto de 36 años que es su pareja desde hace once años. “Aunque pareciera tonto eso de la legalidad, hay un compromiso interno que te compromete a cosas con las que antes no estabas comprometido, desde la más simple como que los bienes son gananciales”. A pesar de haber comenzado con los trámites de adopción en 2002, el ícono de las comedias musicales en Argentina confirma que no continuará con las gestiones. “Me siento grande. Quise empezar a hacerlo porque lo soñaba con mucha alegría pero hoy en día no sé si me podría hacer cargo. No quiero no ver crecer a ese chico”.

-¿Cuán consciente sos de lo que ha conseguido la sociedad argentina?
-Lo pensás y decís: “¡Wow, estoy casado, con Santiago, en un país tan surrealista!”. Yo pensé que no iban a aceptar esta ley, estaba convencido de que la votación no iba a ser favorable. Es más, ese día cuando me fui a dormir estaba angustiado y me levantaron al otro día para decirme: “¡Ganaron, ganaron!”. ¡Ganamos!

-“Uno es hombre en la vida, no en la cama”. ¿Cómo te sirvieron esas palabras de tu padre para desenvolverte en tu vida?

-Cuando un padre te dice: “Sé libre”, la vida es más fácil. Mi padre peleó en la Guerra civil española, un hombre de familia de refugiados, de familias que han hecho mucho por la libertad. Siempre nos inculcó a mi hermano y a mí la necesidad de hacer aquello que nos hiciera felices.

Por las noches la soledad desespera

Es extraño verlo solo. Si no está su gente, están sus incondicionales perros. “Le temo a la soledad, pero me di cuenta que no me voy a morir solo. Hablo con mis perros, con mis plantas, con mis árboles, con mis actores, con mis amigos. Hablo con todo aquello que me da y doy amor”. Su vida transcurría con normalidad hasta que se conoció que una banda de delincuentes planeaba su secuestro. “Te impacta porque ha estado tu nombre en juego. No es un hecho fortuito sino que ha habido una preparación y poder haber sido víctima es bastante traumático. Te entran unos miedos que ya son históricos en mi generación, por las dictaduras”

Personaje alegre, Pepito Cibrián le resta importancia a lo sucedido. “No estoy más desconfiado, sólo es angustiante pensarlo en ese momento porque sino no podrías vivir”. Tras 40 años de terapia, ha logrado superar varios problemas a los que tuvo que sobreponerse, como la crisis que tuvo en el 2006, donde llegó a tomar 18 pastillas para estar bien. “Uno tiene que salir, siempre es uno”.

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lunes, 13 de diciembre de 2010

Entrevista al Jefe de Gabinete de la Dirección General de Seguridad Vial porteña
LAS IRREGULARIDES DEL SISTEMA DE INFRACCIONES DE TRÁNSITO
Por Martín Waisman y Nicolás Pili
Martín El Tahham reflexiona acerca de las faltas sancionadas con mayor frecuencia: estacionamiento indebido y alcoholemia positiva, entre otras. “Si bien la ciudad está pensada para muchos menos autos de los que hay, es la ciudad que hay: no se puede tirar abajo y hacer una nueva”, plantea.


El jefe de Gabinete de la Dirección General de Seguridad Vial de la Ciudad de Buenos Aires, Martín El Tahham, asegura que el objetivo de su gestión es controlar fuertemente el tránsito para evitar que se comentan las infracciones, pero siempre de frente al infractor. También reconoce algunas irregularidades en los valores monetarios que establece la ley 451, el Código de faltas de la Ciudad votado por la Legislatura de la Ciudad en donde se establecen los montos máximos y mínimos para cada una de las conductas que representan las infracciones. ¿Cuáles son las medidas más efectivas en materia de prevención, y cuáles las más redituables en cuanto a la recaudación? “A mí me sería mucho más fácil y económico tener un tipo parado en una esquina haciendo boletas”, insiste.

-¿Cómo se diseñó el actual sistema de control para las infracciones de tránsito?
-Desde que se instaló la nueva gestión la premisa fue salir fuertemente a controlar el tránsito de frente al infractor, tratando de evitar que se cometan infracciones y nunca escondido detrás de un árbol para
hacer la boleta y que te enteres dos años después cuando tenés que renovar el registro. Por otro lado, la distribución de los controles depende del tipo de operativo. Los controles de alcoholemia obviamente están ubicados en lugares donde se detecta que hay concurrencia de gente en vehículos que toma y después sale a manejar, como Las Cañitas, Palermo, Recoleta. Y si hablamos de controles de droga, son lugares a los alrededores de boliches de música electrónica, donde puede haber algún consumo de estupefacientes.

-Un ejemplo que llama la atención en cuanto al rigor de las sanciones es que hablar por celular y no usar cinturón de seguridad al conducir son dos infracciones que se penalizan con una multa de 180 pesos. ¿No deberían ser diferentes?
-Estoy de acuerdo, debería haber alguna distinción porque son distintos los riesgos. Igual los montos finalmente los decide un controlador en la Dirección General de Administración de Infracciones, que determina entre un rango máximo y mínimo de unidades. Obviamente por un estacionamiento indebido no vas a terminar pagando lo mismo que por hablar por teléfono o andar sin cinturón seguridad.

-El conductor que no tiene la licencia, además, es sancionado con una multa menor que si la tiene vencida. A veces parece más una medida de recaudación que de prevención.
-No tengo en mente los montos de cada falta. Puede ser. Pero yo te repito que existe la ley 451 que la determinó la Legislatura. Yo pertenezco al Poder Ejecutivo así que no te puedo dar esas explicaciones. Si me preguntás en líneas generales del aumento que hubo de las sanciones, la Dirección opinó que debían aumentar. Estaban absolutamente desactualizados los montos. Por ejemplo, un abogado en Tribunales prefería que le acarrearan el auto, que sale 190 pesos, porque por ahí perdía mucho más dinero llegando tarde a una audiencia. Si lo evaluamos todo en términos monetarios, vamos a terminar viviendo en la selva…

-¿A dónde se destina el dinero recaudado? ¿Existen alternativas ante la imposibilidad de pagar la multa?
-Los ingresos de la Ciudad, por impuestos o por multas, hacen al presupuesto global, que después se redistribuye en educación, salud, tránsito, en todas las áreas. Y siempre hay alguna alternativa. Tenés que certificar que no podés pagar y, en muchos casos, se termina por asignar cursos de seguridad vial, como se hace con alcoholemia, o trabajo comunitario.

-¿Por qué creé que el valor de la boletas aumenta año tras año?
-Si lo comparamos con ciudades del mundo, los valores siguen siendo bajos. Hasta no hace mucho, un mal estacionamiento no salía más de 40 pesos. Estaban absolutamente desactualizados los montos, y mucha gente terminaba estacionando mal, total no le importaba si congestionaba o no la arteria porque tenemos esa idiosincrasia: somos solidarios cuando estamos ante los demás, pero no cuando estamos solos.

-¿Piensa que las dificultades de los conductores a la hora de estacionar tienen que ver con la deficiente infraestructura de la Ciudad?
-Si bien la ciudad está pensada para muchos menos autos de los que hay, es la ciudad que hay: no se puede tirar abajo y hacer una nueva. Las arterias de tránsito están hechas para circular y el estacionamiento es una concesión que el Estado puede dar en determinados lugares que cree que no molesta. No existe esto del derecho a estacionar en la vía pública o en la puerta de mi casa. No cumplir las normas genera inconvenientes al resto, es injusto que no se tenga una sanción por tener una conducta que está prohibida.

-¿Ese incremento de las multas está vinculado con un fin recaudatorio?
-No, y te lo puedo demostrar de mil maneras. A mí me sería mucho más fácil y económico tener un tipo parado en una esquina haciendo boletas, que tener todo un operativo de personas, con señales, con balizas, que requiere todo un gasto de elementos y recursos humanos.

-Entonces, ¿por qué en los casos de estacionamiento indebido el acarreo se cobra aparte y no se incluye su valor en las multas?
-El acarreo es una… nada. Es una licitación de una empresa privada, que incluso está vencido el contrato. Ese acarreo está previsto y va a costo del infractor. Una cosa es la multa y otra cosa aparte es todo lo que genera el haber cometido la infracción. No te lo sabría responder porque no depende ni siquiera de nuestro ministerio sino que es del de Desarrollo Urbano. Lo que sí me cabe a mí explicar es el acarreo por las faltas por estupefacientes, drogas, que se hacen con grúas propias del Gobierno y no se cobra ni un centavo por el acarreo ni por la detención porque es una contravención y no una falta, entonces toma intervención directamente la Justicia de la Ciudad.

-Según estadísticas del Ministerio de Justicia y Seguridad, en el primer semestre del año pasado hubo 800 casos positivos sobre 128 mil y este año sobre 108 mil, 900 positivos. ¿Qué eficacia presenta esta medida preventiva si el número aumenta?
-No creo no sean eficaces los controles, todo lo contrario. Si vamos a fijarnos en el éxito del control solamente por los números, te digo sí: estamos yendo para atrás. Pero la realidad con el tema de la alcoholemia respecto de años anteriores fue la decisión de remitir todo auto cuyo conductor dio positivo. Hasta el primero de mayo del 2008 tenían la alternativa de que manejara otro su vehículo, o de esperar que se le bajara el nivel de alcohol en sangre. Eso hizo descender notablemente el nivel de positivos: cuando arrancamos el nivel de positivos era 7 cada mil, hoy estamos en 1 y pico cada mil, o menos.

-En determinadas provincias algunos bares ofrecían transporte gratis a los conductores que hubieran consumido alcohol. ¿Qué alternativas propuso el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires?
-Si bien desde Seguridad Vial no podemos obligar a los boliches a que aporten su grano de responsabilidad, con muchos boliches hemos llevado adelante el Programa de Conductor Responsable. Algún chico por grupo se anota como conductor designado y no bebe alcohol, se le hace el control y si no da positivo se le entrega un premio. Y así, por ejemplo, sorteamos un viaje a Sudáfrica para el Mundial. A su vez, se viene trabajando desde el área de educación: la conciencia es un tema que se logra con el tiempo, la otra es sólo una medida a corto plazo.
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